¿Árboles y felicidad? El insólito récord mundial de Bután

Abrupto y envuelto por el Himalaya, único país del mundo en tener un Ministerio de la Felicidad y con televisión e internet solo desde 1999. Sería una manera rápida y sintética de resumir un lugar singular cuyo nombre significa en su lengua –el dzongkha– la ‘Tierra del Dragón del Trueno‘. Pero quizás faltaría añadir a ese ejercicio un rasgo definitorio de Bután: su verdor.

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Que Bután sea verde no es de extrañar si se atiende a su geografía. El país vive colgando del Himalaya y atravesado por cumbres de más de 7.000 metros de altura. En un terreno no mucho mayor que Cataluña o Suiza, es fácil prever que esa orografía da pie a pendientes y valles –como los de Paro, la capital Timbu, Punakha, Phobjika o Bumthang– envueltos en nubes y cosidos por pequeños ríos que serpentean toda la superficie del país. Y, en cualquier lugar, agua equivale casi siempre a vegetación.

Pero Bután no es verde solamente por la generosidad de su orografía, sino también por el empeño de sus pobladores y por un marco legal que así lo apoya.

Geografía, empeño político… y felicidad

Por mandato constitucional, un 60% del territorio nacional debe ser bosque.

Y, más allá de esta realidad legal, otra realidad fáctica: el 51% de la superficie de Bután está oficialmente protegida, lo cual lo convierte en el país de Asia con el mayor porcentaje en esa estadística.

Sin embargo, todo esto no surgió de la nada. Como apuntaba el primer párrafo de esta entrada, la Monarquía butanesa –en concreto el rey Jigme Singye Wangchuck, a sus 17 años– inició en 1972 un plan para sacar al país del atraso y el analfabetismo basado en definir un índice de ‘Felicidad Nacional Bruta’ que perdura hasta el día de hoy.

¿Y en qué se basa la felicidad butanesa?

En cuatro pilares esenciales: el desarrollo sostenible, la protección del medio ambiente, la preservación cultural y el buen gobierno.

Cuatro pilares que resumen la identidad nacional, marcada por un aislamiento topográfico que ha ayudado al país a preservar sus costumbres religiosas, la monarquía y la tradicionalidad que destilan los innumerables templos budistas sembrados por el país, pero también a tener en su naturaleza uno de los símbolos patrios.

Y a tal empeño corresponde el récord Guinness que Bután ostenta desde 2015.

49.672 árboles, 100 personas y 60 minutos

“Todo el país está feliz. Nuestro récord mundial muestra que la generación joven de Bután quiere un futuro limpio y verde. Nunca le fallaremos a esa realidad”, dijo a la BBC Karma Tshering, organizador del evento que le valió a Bután registrar en 2015 la plantación de 49.672 árboles en apenas 60 minutos.

Un hecho que Guinness World Records certificó y que equivale, a día de hoy, al mayor número de árboles jamás plantados en una sola hora. Y se trató, además, de un pique ganado a los vecinos: Bután superó así el récord vigente que poseía desde 2012 la vecina India, con 40.885 árboles

Para ello, 100 voluntarias y voluntarios se reunieron en una tarde de junio a las afueras de la capital, Timbu, en un gesto de lealtad monárquica que conmemoraba el 60 aniversario del rey (foto inferior) que hizo de la Felicidad Nacional Bruta un emblema del país.

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Una felicidad a la que el turista, obviamente, también contribuye: cada foráneo debe abonar una cantidad de 65 dólares estadounidenses al entrar al país en concepto de ‘tasa de desarrollo sostenible’. Educación, salud, reducción de la pobreza y desarrollo de infraestructura son las dianas de este recaudo.

Porque, a fin de cuentas –y si bien no queda muy claro si son los árboles los que dan la felicidad o bien es la felicidad la que da pie al verdor– lo cierto es que si nos hacemos cargo entre todas y todos de la naturaleza y del valor de cuidarla, vengamos de donde vengamos, seguro que acabermos viviendo en un mundo mejor.

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Publicado por Sergio García i Rodríguez

Me llamo Sergio García Rodríguez y nací en 1990 en Canovelles, Barcelona. Soy un explorador compulsivo al que le encanta perderse investigando, leyendo y –sobre todo– escribiendo sobre (re)descubrimientos viajeros, la ‘cara B’ del mundo y sus curiosidades. Y para contagiar todo ese ímpetu eché a andar este blog, en 2019.

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