8 razones por las que la Fundació Miró es un viaje

Fundació Joan Miró

Entre tantas otras cosas, la pandemia nos ha cortado las alas viajeras. Pero no la posibilidad de perdernos por nuestra ciudad, su cotidianidad, sus personajes y sus rincones escondidos. Ni la de visitar museos.

¿Y se puede viajar, visitando un museo?

Por supuesto.

Más aún si se trata de uno que ofrece tanto como la Fundació Joan Miró: una extensa obra –217 pinturas, 178 esculturas, 9 textiles, 4 cerámicas, más de 8.000 dibujos y casi toda la obra gráfica del artista catalán–, un recorrido por todos esos lugares y momentos a los que Miró nos transporta y un edificio tan singular como genial.

Así que, aprovechando la suerte de vivir en Barcelona y el fantástico Pasaporte ArticketBCN –los seis mejores museos de arte de Barcelona en un solo ticket–, me propuse lanzarme a viajar con y desde la Fundació Joan Miró, en plena montaña de Montjuïc.

Y aquí va una síntesis curiosa de lo que se puede experimentar y aprender en este edificio-viaje y algunas razones para animarte a conocerlo.

1 | Un edificio exclusivamente diseñado y concebido para alojar la obra de Miró

El edificio de la Fundació Miró, obra de Josep Lluís Sert.
Terecera imagen: Fundació Joan Miró.

Mayoritariamente, uno va a la Fundació Joan Miró por el contenido. Pero el edificio que la aloja es tan notable que valdría la pena conocerlo aunque estuviese vacío.

Abierto al público en 1975, es obra del arquitecto Josep Lluís Sert y un continente exclusivamente diseñado para dar cobijo a la obra de Miró. La amistad que ambos mantenían desde hacía décadas –Sert ya le había diseñado a Miró su taller en Mallorca en 1956– hizo que la creación de la sede de la Fundació Miró se basara en un diálogo creativo entre ambos orientado a acompañar y reflejar lo que inspiró a la obra de Miró y todo lo que pretendía plasmar.

2 | Una invitación a pasear por las raíces del Mediterráneo

¿Acaso hay algo más mediterráneo que un patio y un olivo?

Y lo que fundamenta tanto al continente como al contenido mironianos no es sino la cultura, el paisaje, la tradición, los símbolos y el universo mitológico del Mediterráneo.

Así que el edificio de Sert para el legado de Miró es un homenaje a ese crisol de culturas fascinante del antiguo Mare Nostrum: paredes y superficies blancas, mucha luz, horizontes siempre visibles, espacios cálidos y suaves.

Y muchos árboles de la cuenca mediterránea –cipreses, olivos, algarrobos– en los varios patios que articulan el espacio. Entre ellos, el notable Patio del Olivo, que nos da la bienvenida al museo y nos deja ver tanto la vegetación de la montaña de Montjuïc –que lo rodea– como la ciudad de Barcelona, abajo.

Es la llamada de la tierra. La siento desde que tenía dos o tres años y me mandaban [a Mallorca] a pasar las Navidades con mis abuelos Josefa y Joan Ferrá. El Mediterráneo. Yo no podría vivir en un país desde el que no se viera el mar. Quiero decir el mar Mediterráneo.

Joan Miró

3 | Un pasaporte pictórico a la ruralidad tarraconense

Siurana, el Poble (1917), Prades, un carrer (1917) y Mont-roig, la iglesia y el pueblo (1919).

Porque el paisaje Mediterráneo siempre fue la inspiración elemental de Miró. La casa familiar en Mont-roig del Camp, al sur de Tarragona, le permitió tejer en su juventud una relación muy estrecha con la tierra, los objetos cotidianos y la naturaleza que influyó su obra en todo momento.

Y es en los parajes de la provincia de Tarragona –Siurana, Prades, Mont-roig…– donde Miró nos inicia en el recorrido por su obra en la Fundació. Un período figurativo en el que retrata el paisaje ondulado y suave del Mediterráneo que tanto amaba –sus olas, sus iglesias, sus cultivos, sus casas, sus árboles– y que tan feliz lo hizo siempre.

Soy mucho más feliz bebiendo de un porrón entre los payeses de Mont-roig que entre duquesas en París.

Joan Miró

4 | Una ventana al París de las vanguardias y a la Europa de las guerras y las postguerras

Hombre y mujer frente a un montón de excrementos (1935) y La esperanza del condenado a muerte III (1974).

Pero, pese a su no-tanta-felicidad entre duquesas parisinas, hoy –muy probablemente– no tendríamos a Miró sin París.

1920 es la fecha de su primer viaje a la capital de Francia, momento que marca un punto de inflexión en su vida. Allí conecta con escritores, pintores y escultores en pleno flirteo vanguardista –de Picasso a André Breton, de Paul Éluard a Raymond Queneau– y abre su universo creativo.

Las guerras y posguerras que asolan Europa y España en los años posteriores marcan fuertemente su obra. Y por todo ello transita la exposición permanente de la Fundació Joan Miró: desde el presagio nefasto de la Guerra Civil que Miró traza en Hombre y mujer frente a un montón de excrementos (1935) a la trilogía de La esperanza del condenado a muerte previa a la ejecución de Salvador Puig Antich a manos del franquismo.

5 | Una fuente… de mercurio

Alexander Calder diseñó la fuente de mercurio que aloja la Fundació Joan Miró.

Precisamente en plena Guerra Civil fue diseñado el objeto más curioso de toda la Fundació Miró –y parte de la obra ajena al artista catalán que también aloja el museo– : la fuente de mercurio de Alexander Calder.

Una estructura que fue especialmente concebida para ser expuesta el Pabellón de la República Española de la Expo de París de 1937 –al lado del Guernica de Picasso– y de donde brotaba mercurio de las minas de Almadén, en Ciudad Real.

¿Y sigue arrojando mercurio, hoy, la fuente de Calder? Pues sí. Pero no hay que asustarse: está dentro de una urna hermética para que los vapores contaminantes no envenenen al visitante.

6 | De las mejores vistas de Barcelona (y con un marco escultórico)

Estudio para un monumento ofrecido a la ciudad de Barcelona (Luna, sol y una estrella), de 1968, da la bienvenida a unas de las mejores vistas de la ciudad.

Entre cuadros, fuentes y esculturas salimos del edificio a medio recorrido para entretenernos unas espectaculares vistas de la Barcelona, la ciudad que vio nacer a Miró en 1893. En concreto, vistas soleadas de esa ciudad que mira hacia las montañas, hacia el Tibidabo, y que se extiende hacia las alturas.

¿Son de las mejores vistas de Barcelona? Seguro. Además, vienen con regalo: el del marco que ofrece la escultura de la escena, Estudio para un monumento ofrecido a la ciudad de Barcelona (Luna, sol y una estrella). Un monumento que bebe de otra de las pasiones de Miró: el mundo astrológico-mágico del surrealismo.

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7 | Una terraza para abstraerse entre naturaleza, arte, ciudad y luz

Mujer y pájaro y Muchacha evadiéndose (ambas de 1967).

La mañana no deja ver las estrellas, pero sí el azul intenso del cielo mediterráneo que a Miró tanto inspiraba. Y si el edificio de la Fundació Miró es genial e interesantísimo por fuera y por dentro, también lo es por arriba, desde su terraza.

Miró y Sert quisieron que por la azotea de la Fundació se pudiera pasear y apreciar lo que la envuelve –la trama urbana de Barcelona y la naturaleza de Montjuïc–, así como admirar los patios que la conforman. Y Miró también quiso que una serie de esculturas –de 1967– coronaran su Fundació y la custodiaran, entrelazándose con el paisaje, el visitante, la luz mediterránea y el propio edificio.

8 | Y dos tiendas para llevarse a Miró (y a varios más) a casa

Las tiendas de la Fundació Joan Miró dan para perderse horas y horas.

El Covid-19 no deja que nos detengamos a tomarnos una cervecita al sol en el patio central que aloja al bar de la Fundació Miró, que a esta fecha está cerrado –lo cual, dicho sea de paso, habría sido un colofón perfecto a este viaje exprés mironiano–.

El cierre a la visita lo ponen las dos estupendas tiendas del museo: una dedicada a la venta de libros y obra gráfica de Miró –y de otros artistas catalanes y foráneos– y otra enfocada en objetos de decoración. Dan ganas de llevárselo todo, y ambas invitan tanto a la abstracción y a la exploración que podríamos pasar horas en ellas.

Pero hay que dejarle algo a los siguientes. Por suerte, para seguir viajando con Miró, siempre nos quedará la versión online de su Fundació. Y, para ampliar horizontes, nada mejor que continuar perdiéndose por Barcelona… y disfrutando de toda su #CulturaSegura.

🔴🖌️ Un paseo por el #Mediterráneo, la mejor vista de #Barcelona, un genial edificio y hasta una fuente de mercurio: todo eso –y mucho más– nos enseña Miró en ‘su’ @fundaciomiro | via @singularia_blog

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🗺️📍🎨 Fundació Joan Miró | Parc de Montjuïc S/N, 08038 Barcelona 👇

Todas las imágenes son propias (excepto cuando se indica lo contrario).


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Publicado por Sergio García i Rodríguez

Me llamo Sergio García Rodríguez y nací en 1990 en Canovelles, Barcelona. Soy un explorador compulsivo al que le encanta perderse investigando, leyendo y –sobre todo– escribiendo sobre (re)descubrimientos viajeros, la ‘cara B’ del mundo y sus curiosidades. Y para contagiar todo ese ímpetu eché a andar este blog, en 2019.

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