Adiós, 2022: mi top 10 viajero

Un punto y aparte para saborear el paso irremediablemente bello del tiempo. Para mirar atrás y caer en la cuenta de lo visto, lo vivido, lo compartido y lo aprendido. Echa pronto el telón 2022, y no es mal momento para detenernos y, antes de seguir avanzando, rememorar esos lugares, experiencias y peripecias geniales que, en nuestro periplo por el planeta y sus rincones, nos ha regalado esta vuelta al sol.

Aquí va la decena de ellos que, en mi caso, más me han impactado y marcado la retina en el año que se acaba. Que el que arranca pronto siga trayéndonos muchos y buenos descubrimientos viajeros… y ganas de seguir compartiéndolos.

10 | Avistar el volcán Fagradalsfjall desde el aire · Islandia

El pasado verano llegó la ocasión de escudriñar la porción de tierra que más ganas he tenido nunca de conocer: Islandia. Y sobrevolando ese país helado y salvaje, antes de poner un pie en él, la naturaleza nos brindó una clase de geología en directo. La erupción del Fagradalsfjall nos pilló en el momento y el lugar exactos, y el avistamiento privilegiado de sus destellos humeantes —e inofensivos— fueron el preludio perfecto de un viaje imborrable.

9 | Perderse entre verdes y vacas en el valle de Varradòs · Val d’Aran, Catalunya

Los planes B resultan a veces una grata sorpresa. Las altas temperaturas que en junio azotaron a los Pirineos nos obligaron a renunciar a una caminata por siete de los pueblos más entrañables de la Val d’Aran. Y, deshaciendo camino, nos desviamos por una ruta alternativa que nos condujo a un valle tan inesperado como por suerte inalterado: el valle de Varradòs. Navegar entre sus paredes verticales repletas de verdes y regadas por cascadas omnipresentes fue un auténtico regalo. Y compartirlo con sus habitantes vacunas, más todavía.

8 | ¡Txotx! Arrancar la temporada de la sidra en Gipuzkoa · Euskadi

Marzo le da la bienvenida a la primavera, y también al tiempo de las sidrerías en Donostia y alrededores. La suerte de conocer a unos guías tan estupendos como Elena, Álvaro y Mikele fue la de podernos sumergir en la sidrería Alorrenea de Astigarraga y fundirnos casi como si locales fuésemos con un ritual gastronómico fantástico: probar la tortilla, el bacalao con pimientos, el txuletón y el queso con membrillo del menú de temporada y —como mandan los cánones guipuzcoanos— hacer ‘¡Txotx!’ para que la sidra corra hacia nuestros vasos.

7 | Redescubrir la luz lisboeta · Portugal

Las segundas veces son el acierto de poder volver a pasear la vista por detalles deleitables. Desde 2014 no pisaba Lisboa ni probaba su preciosa y preciada luz. Qué gustito: cómo brillaban los adoquines y la ‘pedra portuguesa’, los vagones amarillos del tranvía, el Tajo en su desembocadura ya casi Atlántica, todas las fachadas de la capital vecina…

6 | Deambular por el Trastévere noctámbulo · Roma

Si de elogiar a los pequeños placeres se trata, hablemos de pasear bajo la luz de la luna por el barrio más bohemio y despierto de Roma. Puertas con siglos de historia, placitas cargadas de entrañabilidad, terrazas que te invitan a no dejarlas nunca, una iluminación prefectamente tenue y el Tíber, de fondo, fluyendo en la noche romana. ¿Quién da más?

5 | Los azules paradisíacos de la Costa Brava en mayo · Catalunya

Tengo paraísos a cincuenta kilómetros de casa. Bendita bendición: darse una vuelta por la Costa Brava cuando las hordas de visitantes aún ni se huelen es un auténtico lujo. Mayo es un mes idóneo para recorrer el Camino de Ronda bordeando el mar entre S’Agaró y Sa Conca, mirar al Mediterráneo desde los soportales de Calella de Palafrugell o ensimismarse ante una pléyade apabullante de azules y turquesas en Llafranc.

4 | La capital más norteña del planeta · Reikiavik, Islandia

Tenía ganas de conocer Reikiavik mínimamente bien y creo que lo logré. Una micrometrópolis de museos de bolsillo, casitas de colores y jardines perfectamente mantenidos, diseño y vanguardia por todos lados, una ruta de bares notable y efervescente, una playa de aguas calentadas con energía geotérmica, conciertos improvisados bajo la luz del sol de medianoche y el frío del verano islandés. El centro cultural y político más septentrional del mundo es una ciudad feliz y caminable que no hay que dejar de conocer para llevarse una impresión completa y urbana del país que encabeza.

3 | La desconexión atlántica del Cabo Polonio · Uruguay

¿Quién necesita conexión a internet para conectar con lo realmente importante? En la costa amplia y ventosa del este de Uruguay una punta solitaria y mítica sobresale más que cualquier otra: el Cabo Polonio. En 2022, finalmente, pude llegar hasta ella y su faro impasible, que preside un refugio costero y alejado del ruido y la electricidad donde los relojes no existen y la inmensidad del mar, las dunas y el cielo te reconectan con la naturaleza y sus ritmos. Y aquí va un aviso: no querrás volver al mundo exterior.

2 | Explorar lo más indómito y remoto en los Fiordos del Oeste · Islandia

Toda Islandia podría encabezar cualquier ranking de lugares increíbles y sobrenaturalmente bellos. Pero si hay una parcela de la escarpada y casi imposible geografía islandesa que, a mi humilde parecer, destaque sobre el resto, esa corresponde a los Fiordos del Oeste. Recorrer la ‘pinza de langosta’ extrema y agreste que conforma esta región —a la que solo llegan uno de cada diez visitantes que pisa Islandia— es un espectáculo para los sentidos que trasciende las percepciones estéticas. Es exponerse a lo más remoto y extremo de de lo remoto y extremo, a una colección fascinante de accidentes naturales ignotos, preciosos y amplísimos donde la vida humana, pese a todas las inclemencias, se ha abierto paso con suficiencia en una de las últimas fronteras de Europa. Hacedme caso y, si podéis, id a conocer los Fiordos del Oeste, por favor.

1 | El resplandor de la Cúpula de la Roca · Jerusalén

Hay lugares sagrados y trascendentales y luego está la ciudad vieja de Jerusalén. En ese microuniverso cuatripartito cohabitan cotidianamente, desde tiempos inmemoriales, musulmanes, judíos y cristianos —además de armenios, en su propio barrio—, y todos ellos consideran el lugar tan sacro como hogar propio. Recorrer las callejuelas de cada cuarto es tratar de entender un laberinto tan rico como cambiante, y no ha habido ningún otro lugar de los que haya pisado en este año que me haya parecido tan fascinante y apasionante como este punto de encuentro concentrado y jugoso entre las tres grandes religiones monoteístas del planeta. Pero si hay un rincón de él que me haya dejado sin palabras es la Explanada de las Mezquitas y el resplandor dorado de la Cúpula de la Roca, uno de los lugares sagrados del islam. En el silencio de la mañana jerosolimitana, los gatos que dominan el lugar rodean su brillo imponente sin recelos, saltando entre los límites creados por los humanos sin problema ni conflicto alguno. Haríamos bien, en 2023 y siempre, en imitar su falta de prejuicios. 🔵

✈️ Mi top 10 viajero de 2022 👇

Todas las imágenes son propias.

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Publicado por Sergio García i Rodríguez

Me llamo Sergio García Rodríguez y nací en 1990 en Canovelles, Barcelona. Soy un explorador compulsivo al que le encanta perderse investigando, leyendo y —sobre todo— escribiendo sobre (re)descubrimientos viajeros, la ‘cara B’ del mundo y sus curiosidades. Y para contagiar todo ese ímpetu eché a andar este blog, en 2019.

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